La poca conocida tercera parte del inmortal libro de Jonathan Swift, "Los viajes de Gulliver" se titula "Viaje a Laputa" y narra las peripecias que tiene que pasar una vez más el personaje principal de la mencionada obra literaria, Gulliver, quien en esta ocasión y después de que el barco en el que viajaba sea atacado por piratas, va a parar en las proximidades de una isla rocosa desierta, cerca de la India. Afortunadamente es rescatado por la isla flotante de Laputa, un reino dedicado a las artes de la música y las matemáticas pero absolutamente incapaz de utilizarlas de modo práctico. Mientras se encuentra allí visita la ciudad como invitado de un cortesano de baja graduación y observa la ruina provocada por la búsqueda ciega de la ciencia sin resultados prácticos. Hay que decirlo, el capítulo constituye una sátira magistral a la Royal Society de la época y sus experimentos (seguramente recordarán disparates como la Teoría de Generación Espontánea, entre otros).
Lo interesante de todo esto es que el corrosivo humor de Swift bien podría extenderse también a nuestras "Escuelas de la Patria", dentro de estos recintos pervive una casta muy similar al de los "Sabios de Laputa" sujetos dogmáticos que utilizan un estilo enciclopedista de enseñanza que no permite la crítica ni el disenso, el conocimiento es entendido por estos colegas como algo que permanece inmutable, determinado y por lo tanto incontestable. En lugar buscar que sus estudiantes se vayan transformando en sujetos autónomos y con iniciativa para autoformarse simplemente los convierten en "pozos de ciencia" en donde, como ya aprendimos de Freire, no hacen otra que depositar el contenido.
Otro aspecto que recrea la sátira de Swift es la metáfora de los sabios viviendo en una isla flotante que arroja piedras desde arriba a todos aquellos críticos a sus métodos, en este punto sería un mentiroso si no reconociera que todos los que hemos venido enseñando en las escuelas del Paraguay no hemos recurrido a este mecanismo defensivo por lo menos cien veces para resistir los cambios o disimular nuestras limitaciones profesionales.
Una gran mayoría de los profesores que enseñan disciplinas en la secundaria se han parapetado detrás del cuerpo teórico de sus materias para desobedecer disposiciones legales, resistirse a modificaciones curriculares e incluso enseñar barbaridades, algo muy parecido al accionar de los sabios de la Isla de Laputa. Así es como curiosamente todas las consultas que se realizan para buscar las variables responsables de los resultados mediocres de nuestro sistema educativo siempre señalan el desinterés de los estudiantes y la irresponsabilidad de la familia y el Estado. Aclaro en este punto que de ninguna manera eximo de responsabilidades a estos dos últimos, pero convengamos en que como protagonistas principales de esta parodia (ñande ko la "especialista") algún tipo de responsabilidad tenemos que asumir, haciendo desde luego una distinción lo más claramente posible entre responsabilidad y culpabilidad, que no son sinónimos ni es propósito de este escrito utilizarlos como tal.
Tampoco pretendo poner en tela de juicio la extraordinaria abnegación de mis colegas docentes en el desempeño de sus labores, de eso ya me ocuparé en otro escrito en donde intentaré hacer un paralelismo entre el apostolado y el profesionalismo en la práctica docente, convengamos por ahora en que no todo lo que se hace con buena voluntad es forzosamente bueno, no nos olvidemos que el viento provocó que una llama consumiera por completo a un tronco intentando apagarlo a resoplidos.
Lo interesante, y a mi criterio fundamental, es recurrir a la Pedagogía en busca de las respuestas que puedan echar luz sobre lo que estamos haciendo. Coincido plenamente con Giroux en que se necesita buscar la unidad dialéctica entre la teoría pedagógica y la práctica pedagógica, es decir, crear una praxis, pues la praxis como dice Freire, es la reflexión y la acción de los hombres sobre el mundo para transformarlo. "La reflexión, si es verdadera reflexión, conduce a la práctica. La acción se hará praxis auténtica si el saber que de ella resulte se hace objeto de reflexión crítica. En este sentido la praxis constituye la razón nueva de la conciencia oprimida y la revolución, que instaura el momento histórico de esta razón, no puede hacerse viable al margen de los niveles de la conciencia oprimida." (FREIRE; 1978: 61).
El trabajo de los profesores de educación básica, es único dentro de todas las profesiones, si bien, muchos profesionales trabajan con seres humanos, como los médicos, los psicólogos, etc., no pueden compararse con el trabajo que realizan los profesores de educación básica, pues su trabajo está íntimamente relacionado con su pensamiento y su acción, es decir, su práctica pedagógica la realizan a partir de su interpretación del mundo.
Lastimosamente esta reflexión está ausente en nuestras aulas y la razón de la misma se halla en la raíz del tipo de formación que hemos recibido y el estilo de trabajo al que estamos acostumbrados "…a los profesores se les entrena para usar cuarenta y siete modelos diferentes de enseñanza, administración o evaluación. No se les enseña en cambio a ser críticos con esos modelos. En resumen, se les enseña una forma de analfabetismo conceptual y político [...] Las escuelas necesitan que en el futuro los profesores sean a la vez teóricos y prácticos, y puedan combinar teoría, imaginación y técnicas. Es más, los sistemas escolares públicos deberían romper sus relaciones con las instituciones de formación de profesores que simplemente formen técnicos." (GIROUX; 1997: 48). Esta es la formación que recibimos y la que en las actuales condiciones podemos impartir. Nos creemos sabios pero en realidad no sabemos nada, carecemos de profundidad en lo que hacemos y perdemos nuestro tiempo y el de nuestros estudiantes repitiendo ejercicios.
Hace algunas semanas en una conferencia ofrecida por el Pa'i Meliá en la Universidad Nacional de Concepción le oí decir algo parecido, es más el decía que sus investigaciones lo han llevado a concluir que la mayor parte de lo que "aprendemos" en la escuela se nos olvida por completo aún antes de cumplir 21 años. Supongo que eso sucede así, porque además de la mala utilización de la lengua, en las escuelas paraguayas, existe un desprecio por la teoría, y no sólo eso, sino también una ignorancia hacia ella, ignorancia que se ha profundizado a lo largo de los años que lleva implantada la Reforma Educativa. Y en este punto no hablamos de teoría como meros contenidos sino de ese proceso de construcción del conocimiento, ese que se lleva adelante de manera racional, sistemática y rigurosa y que permite que el pensamiento se apropie de la realidad de diferentes formas y en distintos niveles.
Un proceso que hay que decirlo es totalmente posible y accesible si nos decidimos a abandonar esta isla flotante, lugar en donde se reproducen y promueven las desigualdades y en donde el mismo profesor es el promotor principal de las mismas cuando ejercita su poder y autoritarismo imponiendo criterios de clasificación y jerarquía entre sus estudiantes.
Por otra parte la construcción del conocimiento supera la simple reproducción del contenido disponible e impone la necesidad de autoperfeccionamiento que implica acceder a nuevos niveles de preparación personal y de eficacia profesional en el ejercicio de la docencia. La formación permanente del docente se considera como un recurso indispensable para buscar las mejoras y perfeccionamiento que la sociedad actual reclama a los sistemas educativos.
Todo esto implica que los conocimientos no se circunscriben solo al ámbito de las escuelas, universidades o bibliotecas, están en la realidad misma, en todas partes y exigen tanto de docentes como de estudiantes competencias para encontrarla, procesarla y utilizarla en actos resolutivos eficientes y éticos en el contexto de la vida cotidiana.
Para que la escuela pueda cumplir sus tareas académicas, laborales e investigativas requiere de profesores preparados, que no sólo sepan el contenido científico, sino que sepan enseñar lo que necesita la sociedad, de aquí la necesidad de que en las instituciones de enseñanza superior (universidades e IFDs) se enseñe a los profesores a educar, para que los estudiantes aprendan a aprender. (Achilli, 2009).
A todo esto la UNESCO en uno de sus documentos especifica: "Un elemento esencial para las instituciones de enseñanza es una enérgica política de formación permanente del personal. Se deberían establecer directrices claras sobre los docentes de la educación, que deberían ocuparse sobre todo, hoy en día, de enseñar a sus alumnos a aprender y a tomar iniciativas, y no a ser, únicamente, pozos de ciencia. Deberían tomarse medidas adecuadas en materia de investigación, así como de actualización y mejora de sus competencias pedagógicas mediante programas adecuados de formación del personal, que estimulen la innovación permanente de los planes de estudio y los métodos de enseñanza-aprendizaje, y que aseguren condiciones profesionales y financieras apropiadas a los docentes a fin de garantizar la excelencia de la investigación y la enseñanza".
En fin, considero que hasta aquí son argumentos más que suficientes para comenzar a desterrar de la cátedra a este Pombéro disfrazado de especialista que sabe mucho, demasiado a veces pero que no encuentra o no le interesa encontrar la forma de lograr que sus estudiantes aprendan y usen de forma práctica lo que aprendieron. Particularmente siento mucho respeto por el conocimiento, no por los que presumen poseerlo y lo esconden de los demás. Creo que por eso paso más tiempo con los libros y con mi computadora que hablando con eruditos como estos. Es más si pudiéramos librarnos de solo uno, podríamos tener una docena de libros o una computadora más en las escuelas!!!