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viernes, 30 de septiembre de 2011

UNA POLÍTICA PARA PONER LA BASURA EN SU LUGAR

Es posible que el título que junta de alguna manera dos palabras que suelen usarse bastante seguido para definir a nuestros dirigentes de turno pueda haber llevado al amable lector a imaginar un propósito distinto del que nos hemos propuesto analizar en estas líneas.
Y ciertamente es así, esta vez no deseamos gastar tinta para quejarnos de la suerte que nos ha tocado con el intendente o los concejales que tenemos, sino todo lo contrario, pretendemos hacernos eco de una verdadera buena noticia. Y es que penosamente esto no ocurre muy seguido, pero a pesar de nuestro ya proverbial escepticismo con respecto a la eficacia de sus desempeños como servidores públicos, al parecer  por cada cien intentos bien intencionados que realizan al menos cinco veces tienen éxito.
Podría sumarse a esos cinco la reunión de carácter interinstitucional realizada hace un par semanas en el Palacete Municipal y encabezada por la Dirección de Salubridad y, que a nuestra muy modesta forma de entender las cosas constituye un hecho cuasi-paradigmático.
Y es que el tema que convocó a representantes de diversos sectores de la sociedad (maestros, autoridades policiales y militares, miembros de la iglesia, entre otros) constituye desde hace largo tiempo un problema grave de salud pública en nuestra comunidad que ha permanecido como normalizada por nuestra ya folklórica forma de ser. No han surtido efecto alguno hasta aquí en ninguno de nosotros las reiteradas críticas que nos hacen los visitantes llegados de otros lugares por la a veces espantosa imagen que proyecta nuestra ciudad, en donde  los botes de basura permanecen vacíos y las calles están llenas de desechos de todo tipo.
En ocasiones lástima ver cómo inmediatamente al finalizar la tarea de las sacrificadas cuadrillas de limpieza, los espacios públicos vuelven a llenarse de basura. Por todos los rincones de nuestra Perla del Norte, a todas horas puede observarse a animales y cada vez en mayor cantidad a seres humanos hurgar entre los desechos y desparramarlas dando aquella imagen tan desagradable que ya mencionáramos en el párrafo  anterior.
El problema es más grande y complejo del que todos nos imaginamos y requiere ser abordado con la mayor seriedad. Particularmente nos interesa más ocuparnos de los factores que mantienen el problema o lo aumentan, que desperdiciar tiempo en buscar culpables.
El periodista y docente, Hugo Pereira, en un trabajo de investigación publicado hace ya un par de años, ya se ocupaba aunque de manera secundaria, de este tema señalando a la tremenda presión demográfica a la que ha sido sometida la ciudad en los últimos años como uno de los responsables de la situación crítica en la que estamos. Pocas veces nos ponemos a pensar en ello, pero todos los días la ciudad recibe a más gente que escapa de la miseria del campo. Si tomamos igualmente en consideración de que cada concepcionero en promedio produce un par de kilos de basura al día, eso haciendo una estimación mínima, todos los días tendríamos  un promedio de 150 toneladas de basura. Seguidamente traten de imaginar el costo que para la Municipalidad local representa la recolección de esos desechos. Es altísimo. Finalmente piensen que parte de ese dinero pudo haberse invertido en el mantenimiento de las calles, el hermoseamiento de las plazas o cualquier otro tipo de inversión que redunde en beneficio de la ciudadanía.
Estamos evidentemente ante un problema que no solo compromete la salud pública de los ciudadanos sino que al mismo tiempo desafía la capacidad financiera del municipio para hacerse cargo del mismo. Todos hemos sido testigos últimamente de los tremendos inconvenientes que ha tenido el gobierno municipal para recoger nuestra basura domiciliaria. Muchos incluso hemos despotricado contra los administradores de turno acusándolos de incapaces pero no nos hemos tomado la molestia de averiguar por qué.
Un dato revelador sobre el punto, es el hecho de que el servicio de recolección en la mayoría de los países en desarrollo, consume de un 30 a un 60% de las rentas municipales disponibles. Imagínense ustedes, más de la mitad de lo que se recauda.  Consecuentemente los gastos excesivos para el servicio de recolección le restan recursos financieros limitados a las demás necesidades urbanas, ya mencionadas.
Lo alentador del asunto es que con las medidas adecuadas este costo puede llegar a reducirse de un 30 a un 50% en muy poco tiempo. Pero para ello hay que poner en marcha una política comunitaria integral para generar, en primer lugar, un tipo de conciencia individual sensible al problema de la basura, que actúe preventivamente mirando en dos direcciones: cuidar su salud, la de su familia y vecinos, y al mismo tiempo ahorrarle dinero a su municipio en términos de costos de recolección.
                A continuación, se viene una tarea aún más compleja: generar un activismo comunitario que promueva la visión de una Concepción limpia, ordenada y saludable. Esta tarea compromete a todos los sectores de la sociedad y muy particularmente a los medios de comunicación, instituciones, civiles, educativas, eclesiásticas y a las empresas privadas. En esta fase es en donde tendríamos que logar acuerdos comunitarios con respecto a problemas colaterales como el de la presión demográfica, los animales sueltos, los baldíos,  el reciclaje, las bolsas de plástico de los supermercados (La Cultura del Hule), la hasta ahora inexistente enseñanza de la clasificación de los desechos en las escuelas, etc. De lo que se trata es de ir modificando hábitos muchos de ellos fuertemente arraigados e incluso alentados por otros problemas sociales lo que convierte a esta tarea en una muy compleja y hasta en ocasiones impopular.
                Finalmente, solo nos queda brindar nuestro sincero apoyo a quienes desean ver una Concepción más limpia y no tienen problemas para arremangarse la camisa y trabajar para lograrlo. Claro que cómo dijo alguna vez Wittman tú también puedes aportar un verso a este poema. Comienza por llevar tu propia bolsa al super y no aceptes una bolsita de hule por cada cosa que traigas, no quemes basura ni lo arrojes a la calle, en lo posible compra productos que no tengan envoltorio de plástico, clasifica tu basura en casa. Y lo más importante, no olvides que una ciudad limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia.