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viernes, 22 de julio de 2011

EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO


Hace unos cuantos años atrás, escuché vagamente en una de nuestras clases de psicología en la universidad acerca del Dr. Viktor Frankl, psiquiatra y escritor austriaco creador de la llamada Tercera Escuela Psicológica de Viena por detrás de Freud y Adler respectivamente. La obra de este prolífico psicoterapeuta fue ampliamente difundida y goza de gran respeto en todo el mundo. De hecho su fama es bien merecida, con un agregado notable, el hecho de haber sido sobreviviente de Auschwitz y Dachau, dos de los tristemente célebres campos de concentración nazi que funcionaron durante la Segunda Guerra Mundial y que junto a otros guetos similares fue el lugar de exterminio de alrededor de 6 millones de judíos, entre ellos los padres y la joven esposa del Dr. Frankl.

En este punto, deseo apartarme un poco del propósito de este escrito para detenerme en una idea que me ha asaltado frecuentemente en estos años. Resulta que después de haberle dedicado un tiempo considerable al estudio y la enseñanza de la historia y muy especialmente a todo lo relacionado con las guerras mundiales, me quedo siempre con la grata impresión de que todas aquellas atrocidades cometidas por uno u otro bando han tenido, a pesar de los pesares, un potencial aleccionador que fue fundamental para que la humanidad pueda sobreponerse a todo eso y avanzar. Un avance que en ocasiones fue de dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, pero  un avance sostenido que ha llevado a verdaderas revoluciones en muchos órdenes de la vida de muchos pueblos, incluidos nosotros que hemos vivido estas tragedias, hasta cierto punto, como espectadores.
En concreto, lo que puede apuntarse de nuestra breve introducción es que no importa que tan trágico o devastador pueda ser un hecho para la vida de una persona o la de un pueblo entero, siempre tendrá el potencial de convertirse en una oportunidad y a eso apunta siempre Frankl con  su novedosa modalidad existencialista. Un existencialismo que alienta a tomar una actitud personal de aceptación frente a las situaciones con las que la vida nos desafía, fundamentalmente frente a la adversidad, para decidir nuestro propio camino.  
En este tren de cosas, les diré que hace algunas semanas atrás, mientras me encontraba trabajando en un ensayo sobre los enfoques existencialistas en psicología me topé con el famoso libro del Dr. Frankl “El hombre en Busca de Sentido”, considerada por los especialistas de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica como uno de los 10 libros más influyentes en América en los últimos 50 años. Créanme, después de leerlo se darán cuenta porque ha sido tan aclamado este libro.
En principio me sorprendió que se tratara de un libro bastante breve, es que los psicólogos existencialistas nos tienen acostumbrados a volúmenes enteros escritos con ese lenguaje tan rebosante de terminología filosófica oscura y a veces caótica que no los convierte precisamente en mis favoritos.
Para felicidad mía y de los que decidan leerlo en adelante, la versión en pdf que conseguí solo tenía 77 páginas. Pero me permito decirles que nunca he encontrado un libro que expusiera tantas ideas novedosas en una extensión mínima, ideas producto de experiencias vitales, que convengamos, han sido absolutamente sui generis, refiriéndonos al confinamiento del autor en Auschwitz y Dachau.
La temática del libro es básicamente la descripción de la vida del prisionero de un campo de concentración desde la óptica de un psiquiatra. Sin embargo se sorprenderán de que el lenguaje sea completamente accesible para el común de los mortales. En ella el autor expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.
Imaginen ustedes a un ser humano que ha perdido absolutamente todo y al que solo le queda, como el mismo autor dice, su miserable desnudez. Despojado de todo, cómo es posible aceptar que la vida pueda ser digna de ser vivida en tal situación de adversidad, pues para Frankl, como dijimos al inicio, vivir es aceptar con dignidad el desafío que plantea la vida, con su carga de adversidad, y sobrevivir es hallar el sentido de ese sufrimiento.
Esta obra pone de manifiesto la tesis de que el hombre es alguien inevitablemente afectado por las circunstancias de su experiencia inmediata. Sin embargo, lo interesante de la propuesta de Frankl está en que a pesar de la dureza o crueldad extrema con que la vida pueda desafiar el alma de un ser humano este, aún en el peor de los infortunios, tiene una cierta capacidad de elección, ya que puede conservar un vestigio de libertad espiritual. Pueden someter tu cuerpo a torturas terribles, pueden jugar con tu mente pero solo tú puedes decidir dejar que quebranten tu espíritu.
Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino, nos dice Frankl. Demasiadas veces, a lo largo de la vida caemos en el vicio de reclamarle a la vida por las situaciones desfavorables en la que nos encontramos y que consideramos injustas. Son justamente esos los momentos que enferman al ser humano, situaciones que contrarían nuestras creencias, nuestros valores o simplemente nuestros hábitos. Los existencialistas llaman a esto “vacío existencial” haciendo referencia a la pérdida del sentido que moviliza nuestras vidas.
Frankl cuenta en su libro que muchos de los que fueron recluidos en los guetos nazis y que estaban aparentemente en mejores condiciones físicas o de salud terminaron muriendo porque las circunstancias brutales en las que vivían en aquellos campos era completamente incompatible con el sentido existencial al que estaban acostumbrados y no fueron capaces de soportarlo. Los mejores de entre nosotros no volvieron, sentencia el autor.
“El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que éste conlleva, la forma en que carga su cruz, le da muchas oportunidades —incluso bajo las peores de las adversidades— para dar a su vida un sentido más profundo. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad… […]Una situación difícil puede proporcionarle a uno los méritos necesarios en el camino de la superación”
Considero que lo anterior es totalmente válido para explicar una cantidad infinita de situaciones personales o de naciones enteras que han decidido hacerse cargo, con dignidad y responsabilidad, de sus propias desgracias y han salido adelante. La misma Alemania reducida a cenizas después de ambas guerras, en unas pocas décadas, volvió a convertirse en potencia mundial. Muchos de nosotros en cambio continuamos responsabilizando a la Triple Alianza de nuestro presente Aquí es donde me pregunto: ¿cuánto lleva terminada la Guerra Grande? o ¿cuánto hace que Nicanor ya no está en el gobierno?... hasta cuándo vamos a buscar a los responsables de nuestras desgracias personales o colectivas fuera de nosotros? cuándo vamos a dejar de culpar a la suerte o las injusticias de la vida por nuestra situación desventajosa?
Otro apartado del libro reza lo siguiente: “…en todas partes, el hombre se enfrenta a su destino y puede conseguir algo por vía del sufrimiento. Muchas veces es precisamente una situación externa, excepcionalmente difícil, lo que da al hombre la posibilidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo. La realidad cotidiana representa una oportunidad y un desafío […] se puede convertir la experiencia en victoria, la vida en un triunfo interno, o bien se puede ignorar el desafío y limitarse a vegetar...
El ingrediente fundamental que nos ofrece Frankl para todo lo anterior es la responsabilidad. “Vive tu vida como si la estuvieras viviendo por segunda vez, vívela como una oportunidad para crecer espiritualmente a través de una conducta recta y responsable”
Vivir en definitiva implica asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que se nos platean y cumplir las tareas que la vida nos asigna continuamente. "Vida" no significa algo vado, sino algo muy real y concreto, que configura el destino de cada hombre, distinto y único. Un destino en proyecto, en construcción permanente y no uno enlatado prescrito o predeterminado en el que no podemos influir.
Con todo lo anterior Frankl no trata de liberarnos de las condiciones que impone el mundo, sin embargo, trata de enseñarnos acerca de la existencia de una alternativa ante los rigores del determinismo: asumir una postura digna y responsable ante las circunstancias. La libertad no es otra cosa que la capacidad de elevarse por encima de las condiciones adversas y sacar ventaja de ellas tratando de que en el proceso no nos olvidemos de obrar en forma recta y responsable.
“…El hombre es el ser que siempre decide lo que es, en medio y a pesar de las circunstancias: el hombre es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el  que ha entrado en ellas con paso firme, musitando una oración”  
HOMBRES Y MUJERES QUE ESTÉN LEYENDO ESTO, DECIDAN COMENZAR A LEER MAÑANA ESTE MAGNÍFICO LIBRO!!! SALUDOS A TODOS!!!

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