Ya vienen los Reyes Magos,
caminito de Belén,
cargaditos de juguetes,
para el Niño de Belén,
los camellos rebozan con regalos,
qué cargados van
para el Rey de los cielos
que está en el portal.
Como no tengo hijos y la gata que tenemos en casa no usa zapatos, de cierta forma se me pasó desapercibida la ansiedad y tensión con la que mis amigos, casi todos padres, viven estos días previos a la llegada de los Reyes de Oriente que los aguardarán esta noche,también ansiosos, en cualquier puesto improvisado del centro para meterles las manos (hasta los codos) en los escuálidos bolsillos. Así el tan aguardado aguinaldo da sus últimos manotazos de ahogado después de haber resistido con estoicismo los embates, en primer lugar, de todas las cervecitas y otros gastos de las fiestas de fin de año, la embestida mágica aunque no menos feroz de Papá Noel, que solito y con su Ho Ho Ho lo dejó ya bastante mal parado y contra las cuerdas.
Este es el escenario en que Melchor, Gaspar y Baltazar llegan como esas aves carroñeras para limpiar los huesos de los cadáveres, en este caso las billeteras de los padres pobres con varios hijos.
Ya el brillante científico social Francis Fukuyama nos hablaba a mediados de los noventas de la irracionalidad de ciertos factores sociales como la cultura, la religión y la tradición que en este caso se mezclan para configurar toda esta parodia, que más se parece a una desenfrenada orgía consumista que una festividad religiosa.
Es bien sabido, por otra parte que la mayoría de las festividades católicas constituyen una amalgama, a veces contradictoria, entre lo religioso y lo profano. Sin embargo, lo preocupante en los últimos tiempos es la manera ofensiva en que se ha venido vaciando de contenido cada una de estas festividades para convertirlas en una mera kermese cuyo objetivo invariablemente es separar a la gente de su dinero.
En el caso específico de los Reyes Magos hace un par de días le escuché decir a una de nuestras amigas que su hijo de 3 años hacía tiempo que había dejado de creer en la "estupidez" de los reyes (palabras textuales suyas) y que el niño se complacía mucho de ir a escoger personalmente su propio regalo. No desaproveché la oportunidad de ir a la ofensiva, no contra dios, ni contra los reyes, sino contra el mito que tiñe de irracionalidad nuestros actos. Volví a preguntarle, como si no hubiera escuchado bien. - ¿No crees en los reyes?. Por supuesto que no fue su respuesta contundente, a lo cual agregué ¿y en dios?. Si esta mujer hubiera sido Cíclope de los Xmen, me hubiera achicharrado los ojos con su mortífero rayo rojo. -Claro que en dios sí creo - me respondió. En ese momento, ya era un centro al segundo palo y lo único que quedaba era dar el cabezazo al ángulo. ¿Y por qué en dios sí y en los reyes no?, se supone que estaban todos juntos un seis de de enero en aquel establo de Belén volví a preguntar. Obtuve como respuesta unos segundos de silencio desconcertante, hasta una sonrisa confundida antes de que se desate con toda su furia el mecanismo defensivo conocido en la psicología como racionalización. Nuestra amiga se esforzó lo más que pudo para darme un resumen de las homilías de la media docena de misas a las que habrá ido y de la Biblia (que por lo que también pude deducir no había leído mucho)
En fin, no pude rescatar nada objetivo, demostrable o al menos mínimamente coherente de lo que había dicho. Sin embargo, lo claro y lo contundente era que dios es intocable, por razones que desconozco y sigo buscando; y bueno, los reyes, pobrecitos, hacía miles de años se habían muerto de viejos y seguramente heredado sus incalculables fortunas a quien sabe quien por lo que esta noche no vendrán y lo peor no habían venido nunca, ni siquiera cuando, de niño, yo ponía mis zapatos y creía verlos en la madrugada del 6 de enero, llevándonos personalmente ellos los juguetes que eran, además de la alegría que producían, la evidencia de nuestro buen comportamiento durante todo el año anterior.
Todo era fantasía, pero les diré, me sentía importante porque unos reyes (mis padres, en el fondo lo intuía), se acordaban de sorprenderme cada año en esa fecha. Por eso coincido con muchos especialistas que mencionan que no importa cuanto se esfuerce la psicología, esta es la peor generación de padres que ha existido jamás, padres que ignoran (porque saben)el hecho de que la fantasía es la piedra angular de la formación psíquica de sus hijos y el germen de la creatividad tan necesaria con posterioridad para el adulto. Fantasear significa para los niños recrear el mundo, conocerlo, tratar de entenderlo, actuar en él y comenzar a transformarlo.
Al contrario de lo que muchos piensan no se les daña a los infantes recreando con fantasía lo cotidiano de la vida sino todo lo contrario. Hoy día yo ya no creo ni en la existencia de dios pero no mandaría a mis padres presos por haberme criado con una versión del mundo distinta a la que tengo ahora. Los chicos saben que por ejemplo Santa Claus o Barnie es un empleado del supermercado a donde van a comprar sus padres pero no por eso dejan de sacarse fotos con ellos. Ellos al igual que dios existen por lo que representan y no por lo que son en realidad.
Ojalá que esta noche (y hago publica mi ambiciosa expresión de deseo) nuestros comerciantes, verdaderos mercaderes fenicios sin un gramo de escrúpulos (uups, se me chispoteó lo que pienso de ellos) por lo menos se disfracen frente a sus negocios para devolverle a la festividad algo de la magia que con su avaricia y la pereza de muchos padres le han robado. Que no se convierta en un bacanal más de arterias obstruidas por el desorden y la aglomeración de personas que tratarán de adquirir lo último en cuanto al impresionante arsenal lúdico que estará a la venta y que dejaría con los pelos de punta incluso a los integrantes del mismísimo EPP (cuchillos, pistolas, ametralladoras, granadas y demás); que no se tomen ríos enteros de alcohol, todo al son del embriagante último hit de regaeton o cumbia.Toda una apoteosis del hedonismo y la avaricia más deshumanizantes que dejará a su paso un inmenso basural que nos dará los buenos días al amanecer.
Hoy más que nunca esmerémonos por exhibir un comportamiento civilizado, no olvidemos que nuestros chicos nos estarán observando.
Finalmente, y aunque no me gusta dar recomendaciones, me gustaría papá y mamá que el día de hoy no regales a tus hijos un juguete violento. No podemos pretender educar a nuestros chicos en una cultura de paz regalando metralletas, aunque sean de juguete...
FELIZ DÍA DE REYES PARA TODOS Y PONGAMOS ALGO DE FANTASÍA EN NUESTROS ZAPATITOS SIEMPRE!!!

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