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jueves, 23 de diciembre de 2010

Ya que hablamos de Maestros que nacen por estos días... He aquí a uno de mis favoritos!!!

(El presente escrito es una transcripción de la publicación hecha por Eduardo Quintana en su blog ROARKMANÍA)
“Ha llegado a nuestros oídos que miembros de ambos sexos no evitan la relación con ángeles malos, íncubos y súcubos, y que, mediante sus brujerías, conjuros y hechizos sofocan, extinguen y echan a perder los alumbramientos de las mujeres”
Inocencio VIII
Bula papal de 1484 sobre la brujería, (Carl Sagan, El mundo y sus demonios, El Mundo poseído por demonios, Cap. VII).
A partir de esta bula católica, comenzó un periodo de persecución y sistematización del miedo a lo desconocido, matando a cientos de personas que eran acusados de poseer poderes “demoniacos” y atormentar al resto. Así, el medievalismo, filosófico y científico, encuentra su cúspide y avanza la oscuridad intelectual. 

Aclarando que Carl Sagan se doctoró en astronomía y astrofísica, y no en filosofía, quizás haya aportado mucho al conocimiento filosófico sin tener que caer en el ridículo preconcepto que los pensadores solo se encargan de abstraciones inservibles como “el ser o el ente”.

El astrónomo estadounidense (1934-1996), fue quizás el mayor divulgador científico del siglo XX, más conocido por la serie “Cosmos, un viaje personal” y por ser uno de los mayores impulsores del pensamiento crítico, tanto en las universidades como al público en general.

Sagan, fue profesor de Astronomía y Ciencias Espaciales de la Universidad de Cornell, además de enseñar y liderar investigaciones en la Universidad de Harvard, fue también cofundador y presidente de la prestigiosa Sociedad Planetaria de los Estados Unidos. Su doctorado se basó en el efecto invernadero del planeta Venus, Para el científico era imposible la presencia de vida como se sostuvo durante un largo periodo de tiempo, debido a su altísima presión atmosférica y una temperatura global permanente de más de 400º centígrados.


Participó activamente en las misiones Mariner 2 a Venus, y de las Mariner 9, Viking 1 y Viking 2 a Marte. Además de activar en las misiones Voyager 1 y Voyager 2. (Que por cierto fue noticia hace unos días porque la sonda está traspasando los límites de nuestro Sistema Solar). Sin dudas, otro de los logros científicos de Sagan fue el desarrollo del proyecto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) que sigue en vigencia y trata de adecuarse también a las últimas investigaciones en astrobiología. El astrónomo recibió a lo largo de su vida varios premios, entre los que se destacan: Premio Pulitzer, medallas de la NASA, Premio Apollo y la medalla del Bienestar Público de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.

Tiene, además un variado repertorio de libros científicos y estrictamente divulgativos, como: Los dragones del Edén; El cerebro de broca; Cosmos; Contacto (que luego se llevó a la pantalla grande, con Jodie Foster como protagonista); Un punto azul pálido; El mundo y sus demonios; Miles de millones, entre otros.

Pero también hizo aportes al humanismo materialista y a la divulgación del pensamiento crítico, acentuando un escepticismo militante sin precedentes en la segunda mitad del siglo XX. “(Pensamiento crítico es) Toda una gama de cuestiones teóricas y prácticas que surgen al examinar de cerca y desde un punto de vista normativo, los razonamientos cotiadianos de las personas”, reza la definición del Informal Logic Newsletter de Canadá, de 1978. Algunos la llaman “lógica aplicada” o “lógica pública”.

Con este instrumento podemos examinar cualquier afirmación de carácter político, científico, cultural o religioso y verificar si tales argumentaciones se rigen con los principios del método científico y se adecuan a un rigor metodológico coherente con la realidad.

Y he allí la labor de Sagan. Gracias a su carácter divulgado, pudo confrontar al pensamiento crítico, al dogmatismo religioso y al poder místico que tanto daño hicieron ya a la humanidad en varios siglos. Analiza, siempre en El mundo y sus demonios, la diferencia entre ciencia y pseudociencia. Intentando explicar el método científico a los lectores.

Ciencia entendida como el conocimiento de particularidades de la realidad, directamente ligado a fenómenos de la naturaleza material y aprenhendida por datos de la experiencia verificables y falsadas. Nuestro científico señala que la ciencia no es perfecta, pero es el mejor mecanismo para conocer el mundo.

En cambio, ve a la pseudociencia, como creencias, métodos, prácticas y verdades supuestamente reales que se autocalifican de científicas, pero que no reúnen las características para serlas. (Astrología, ufología, psicoanálisis, creacionismo, etc.). Y afirma que la pseudociencia se expande más fácilmente que la ciencia.

Sagan entonces profundizó en los criterios de demarcación conocidos, divulgó la ciencia y ejemplificó la falsa argumentación del pensamiento mágico. Realizó un rescate del pensamiento cartesiano, con la duda metódica, además de autocriticar los límites del escepticismo.

Tuvo una fuerte militancia en el entonces Comité de Investigación Científica de Declaraciones Paranormales (CSICOP). Fue humanista comprometido con la democracia, aunque no sea el mejor sistema de gobierno. Defendió una educación basada en conocimiento científico y laicismo y se opuso firmemente a la guerra nuclear durante la Guerra Fría.

Considero que el pensamiento saganiano sigue vigente, en un periodo de confusión, pero a la vez desarrollado tecnocientífico que experimenta la humanidad. Mientras las teocracias de Irán y Arabia Saudita sigan vigentes, mientras el Vaticano anula toda posibilidad de pensamiento crítico entre sus fieles, mientras el presidente Omar al Bashir (con orden de captura internacional) alegue que Sudán (del Norte) impondría la sharia para “flagelar, torturar y ahorcar en nombre de Alá”, las palabras de Sagan seguirán vigentes.

El pensamiento mágico y antihumano permite que en Haití, no gracias a la bula de Inocencio VIII, sino a la ignorancia, se maten a 45 personas, acusadas de propagar el cólera.

Muchos conmemoran en estas fechas un evento que califican de “extraordinario”, sobrenatural, el nacimiento eterno de un mesías, de un único y egoísta salvador todopoderoso que hace temblar a los fuertes. Sin embargo, algunos, como yo, desechando toda soberbia y alegando incapacidad para comprender el desorden filocientífico de un niño que se recrea cada año, pero que probablemente no haya existido, conmemoramos, quizás con perfil bajo, pero sin miedo, el acontecimiento más humano que un milagro: la capacidad de pensar por nosotros mismos.

No levantamos las copas “por dioses” que solo pretenden halagos y sumisión, sino que celebramos la vida y la duda, el cosmos ordenado y la evolución. Sagan seguirá entreteniéndonos y enseñando, porque para muchos, fue mejor maestro que aquel que pidió morir, soberbiamente por todos, si es que existió.

Es un maestro porque nos enseñó que la ciencia puede ser apreciada por todos los seres humanos, nos inculcó que somos solo un pequeño punto en el Universo inmenso (no tenemos mucha evidencias de los multiversos), que cuando nos enfermamos podemos rezar o aplicarnos una vacuna “poderosa”, que a pesar de nuestras diferencias, podemos entendernos y que por mucho que nos creamos grandes por tener una nacionalidad, un color de piel, una religión o una ideología política, somos polvo de estrellas.

“La causa de la miseria humana evitable no suele ser tanto por la estupidez como la ignorancia, particularmente la ignorancia de nosotros mismos. Me preocupa, especialmente ahora que se acerca el fin del milenio, que la pseudociencia y la superstición se hagan más tentadoras de año en año, el canto de sirena más sonoro y atractivo de la insensatez.

¿Dónde hemos oído eso antes? siempre que afloran los prejuicios étnicos o nacionales, en tiempos de escasez, cuando se desafía a la autoestima o vigor nacional, cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de pensamiento familiares de épocas antiguas toman el control.

La llama de la vela parpadea. Tiembla su pequeña fuente de luz. Aumenta la oscuridad. Los demonios empiezan a agitarse”.


Carl Sagan, Ciencia y Esperanza, cap. II, de El mundo y sus demonios.

Y para que los demonios no se agiten tanto, pido un 2011 menos supersticioso. Aunque es un deseo muy ambiocioso, no pierdo las esperanzas.

¡Feliz 2011!

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